Parque Central Cd. Juárez
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martes, 2 de febrero de 2010

¿Qué le decimos a una Ciudad en Duelo?

Con motivo de la terrible masacre del sábado 30 de enero del 2010.

¿Qué podemos decirles a las familias que este pasado fin de semana perdieron a sus seres queridos? ¿Qué les decimos a las madres que recibieron los cuerpos de sus hijos asesinados cobardemente por un grupo de hombres sanguinarios? ¿Qué le decimos a una ciudad estremecida por el nivel de brutalidad y salvajismo demostrado en este suceso tan deplorable y doloroso? Nadie tiene palabras que puedan ayudar o que puedan explicar esta locura. Solo atinamos a decir que esto no debería estar sucediendo. Que nos duele a todos, que nos duele mucho y que deseamos que esto se acabe.

Pero algo debemos decir, pues quedarse callados ante este terrible mal tampoco es aceptable. A las familias de estas jóvenes víctimas y de los cientos que en estos años han experimentado el quebranto de un corazón desecho por la violencia injusta les tenemos que decir que lo sentimos muchísimo y que quisiéramos poder ayudarlos en algo, pero que reconocemos que sólo Dios tiene la capacidad de consolar ese dolor tan extremo que viven. Qué le pedimos a ese Dios, que por amor envió a su único hijo a morir por nosotros en manos de hombres brutales y sanguinarios, que se compadezca de todos los que sufren y que viven lo que él mismo ha de haber sufrido al ver a su hijo crucificado en una cruz. A ese Dios le pedimos que los sostenga, los ayude y los conforte con gracia milagrosa que solo él puede derramar sobre sus criaturas desconsoladas y desconcertadas.

Ahora, ¿qué les decimos a las autoridades que están viendo todo esta tragedia y no atinan a hacer algo sensato para ayudar a la gente? ¿Qué les decimos a los políticos que están más preocupados por su carrera política y el poder de sus partidos que de trabajar y contribuir a que esta ciudad y este País no sean destruidos irremediablemente? ¿Qué les decimos a los gobernantes que siguen afirmando que en Cd. Juárez no pasa nada y que minimizan lo que mundialmente es reconocido como una verdadera tragedia histórica? Les tenemos que decir que Dios les ha delegado autoridad en esta tierra para que sirvan a la gente como ministros de bien y que es ante él principalmente que deberán dar cuentas de su indolencia e ineptitud. Que deberán darle razón por haber maltratado a la gente en lugar de haber procurado con todo su esmero su bienestar, pues ser gobernante es primordialmente una gigantesca responsabilidad no su privilegio. Debemos anunciarles también, que han de cosechar del pueblo que han agraviado y descuidado su repudio y desprecio general. Que no deben asumir que podrán seguir desatendiendo las necesidades genuinas de toda una nación sin que haya consecuencias terribles para todos. Debemos decirles que deben responder y resistir el mal con todas sus fuerzas, procurando que se detengan a los culpables y se establezca de nuevo la justicia en esta ciudad, pues para eso han sido designados como autoridades.

Y, ¿qué les decimos a los asesinos? ¿Qué les decimos a toda esa gente que anda por nuestras calles con sus armas haciendo el mal y, en una arrogancia suprema, creyéndose con el derecho de quitarle la vida a otro ser humano? ¿Qué les decimos a esos jóvenes que han abandonado todo valor moral y que por lealtad a una pandilla están dispuestos a convertirse con total desenfreno en asesinos inhumanos? ¿Qué les decimos a los jefes de las organizaciones criminales que combaten contra otros por la ambición de encumbrarse como dueños de esta ciudad? A ellos les debemos decir que Dios no puede ser engañado, que todo lo que el hombre siembre eso también cosechará. Que hay una ley que dice que el que vive por las armas, por ellas mismas ha de caer. Les decimos que no en vano Dios ha dicho “No Matarás” y que él como nuestro creador ha de reclamar la sangre derramada de aquellos que fueron creados a su imagen y semejanza. Pero también, debemos decirles que deben arrepentirse y abandonar ese camino de muerte, pues ellos también fueron hechos a imagen y semejanza de Dios. Que no son animales y que, aunque esté endurecida por el mal, tienen un alma que es eterna. Que Cristo murió para darles la oportunidad de que en arrepentimiento por sus pecados se vuelvan a Dios. Así que los llamamos y los exhortamos con todo nuestro corazón a que dejen sus armas y caigan de rodillas ante Dios todopoderoso que ha visto todas sus acciones y que ha de juzgarlos por ellas; pero también que mientras tengan vida él está dispuesto a escuchar a aquel que con un corazón quebrantado y arrepentido clame a él por su salvación.

Y por último, ¿qué les decimos, a nuestros hijos que nos preguntan por qué pasa esto en nuestra ciudad? ¿Cómo les explicamos este género de maldad? ¿Cómo les damos algo de esperanza de que esto va a cambiar algún día? A final de cuentas, ¿qué le decimos a todos los Juarenses que pasmados atestiguamos el continuo deterioro de nuestra comunidad? ¿Qué nos decimos a nosotros mismos que no alcanzamos a comprender lo que sucede y que nos sentimos aún sin palabras para nosotros mismos? Debemos decirnos que Dios nos dice que en él siempre hay vida y esperanza (Salmo 130). Que ya es tiempo de que todos volvamos nuestros ojos al que ha transformado no ciudades ni países enteros, sino a la historia de la humanidad con las sencillas buenas nuevas de que Jesús ha venido precisamente para salvar al mundo de toda esta maldad. Que si hemos cosechado un mal terrible por nuestro abandono de sus mandatos, podemos ahora sembrar todo lo contrario y, que si no desistimos, a su tiempo cosecharemos para bien. Debemos decirnos que el gran mal solo se puede enfrentar con el gran bien. Y que él es nuestro gran bien por lo cual es digno de que depositemos en él toda nuestra esperanza. Por lo tanto, necesitamos decirnos que no debemos desistir, ni desfallecer en procurar el bien de nuestras familias, de nuestra ciudad y de nuestro País. Que si renunciamos a nuestra responsabilidad de responder a este mal, estaremos condenando el futuro de nuestros hijos. Este gran mal debe llevarnos ahora más que nunca a decirnos: “no te dejes vencer por el mal, sino vence el mal con el bien” (Rom 12:21).

viernes, 29 de enero de 2010

La Puerta Trasera

Quisiera compartir con ustedes este excelente editorial de Sergio Madero Villanueva que apareció en la Sección de Opinión del Diario de Juárez el domingo 3 de enero del 2010

En esta época del año mucha gente aprovecha para pasar unos días fuera de casa, aunque este año ha sido particularmente difícil para la economía de prácticamente todas las familias y muchos tienen que buscar la manera de acomodar los planes al presupuesto o hacer un buen plan para pasarla en casa.
Alguien me comentó que había encontrado una manera de satisfacer las expectativas de su familia sin afectar gravemente su cartera. Sus hijos quieren conocer un parque de diversiones cuyo precio ciertamente está fuera del alcance de la inmensa mayoría, un día de visita para una familia de cuatro personas requiere invertir cerca de trescientos dólares tan sólo en boletos de entrada.
Este amigo me dijo que había conocido a una persona que le dio el teléfono de otra quien al parecer trabaja en el parque y la cual por la módica cantidad de cien dólares puede “arreglar” la entrada por la puerta posterior del parque. Haciendo las cosas de esa forma lograba que le cuadraran los números y podría satisfacer el deseo de sus hijos.
Le comenté a mi amigo que no me gustaba el mensaje que le estaría mandando a sus hijos en caso de entrar al parque de esa manera, les estaría demostrando que en nuestra sociedad hay forma de hacer las cosas “por la puerta de atrás”, sacando ventaja sobre los demás. No sólo se trata de burlar a los dueños del parque que no reciben el precio fijado por el ingreso, sino que ya una vez adentro resulta que el que ingresa clandestinamente es “más listo” porque puede disfrutar de las mismas cosas sin haber tenido que cubrir el precio como los demás. Me parece que de esa forma inicia una convivencia con conductas que nos son nocivas.
No soy sociólogo (la verdad quería ser cátcher) pero me parece que los mexicanos somos proclives a ver la vida de esa forma, como que una gran cantidad de nosotros considera “las vías alternas” para satisfacer sus aspiraciones. Es así como se explica la existencia de la industria de la piratería tan activa y redituable en nuestro país. Lo peor es que la inmensa mayoría de quienes compran productos piratas considera que no están haciendo nada malo, simplemente se están dando gusto de poseer un disco, una película o una prenda que de otra forma les sería difícil adquirir.
La cuestión es que nos vamos acostumbrando a vivir con esas actividades ilegítimas, a tolerarlas e incluso a defenderlas. Hay quien justifica la venta de piratería con el argumento de la falta de empleos formales, lo cual es cierto pero un mal no se remedia con otro mal. Además el vendedor del semáforo es tan sólo el “punto de venta” de una red de complicidades que forma una “gran empresa” que le deja a unos cuantos ganancias exorbitantes.
El caso es que si le enseñamos a nuestros hijos que existe una “puerta de atrás” para acceder a cosas mejores sin tener que cubrir los requisitos estamos incrementando y eternizando nuestros problemas de sociedad insegura.
Es esa convivencia con la ilegalidad la que nos ha llevado a la situación que afrontamos. Hace unos días El Diario reprodujo una nota de James C. McKinley Jr. y Marc Lacey en la que se habla de cómo el dinero proveniente de actividades ilícitas inunda nuestra frontera.
Me llamó la atención cuando señala: “En México, el dinero es relativamente fácil de lavar… los cárteles de drogas siguen adquiriendo propiedades, negocios, automóviles, joyería y otros lujos en efectivo sin que se levante ningún reporte de actividad sospechosa para dirigirlo al Gobierno”. Quienes hemos vivido en la frontera conocemos de estas cosas.
Mi papá me dice que en sus tiempos los que se decidían por traficar renunciaban a una vida normal y se tenían que ir “pa’l monte” de donde si acaso bajaban un par de veces al año, siempre por las noches, para ver a su mamá y traerle algo de dinero.
La cosa empezó a cambiar a partir de los ochentas cuando se hizo común que se pasearán como sin nada en sus carros último modelo con vidrios polarizados. Luego llegaron a comprar o construir residencias por las que pagaban mucho más de su valor real, se metieron a comer y tomar en los mejores lugares donde pagaban las cuentas siempre en efectivo, sin revisar y dejaban cuantiosas propinas. Y su dinero fue siempre bien aceptado.
Nos acostumbramos a vivir ese tipo de relaciones. Los joyeros no ponían objeción cuando les llevaban cachas de pistola para que las bañaran de oro y les incrustaran piedras preciosas, simplemente cobraban más por su trabajo porque además sabían que no habría objeción en pagarlo.
McKinley y Lacey refieren: “Los cárteles también lavan dinero mediante empresas aparentemente inocentes, como un car wash en Guadalajara…”, ciertamente tuvimos noticia o sospecha de que muchos de los nuevos negocios, restaurantes y antros eran propiedad de estos nuevos “señores de negocios” pero se permitió su apertura y operación e iniciamos a frecuentarlos. Incluso los grandes señores de los negocios tradicionales hicieron tratos con ellos para surtirles la cerveza y los licores.
Hace tiempo mi amigo Armando me envío un mensaje que narraba lo ocurrido en un pequeño pueblo de Estados Unidos. En una tienda de conveniencia propiedad de unos musulmanes un surtidor de cerveza llegó a dejar su mercancía, mientras le recibían los papeles en la televisión retransmitían las escenas del atentado contra las torres gemelas. El repartidor hizo un comentario sobre lo horrible del hecho a lo que uno de los musulmanes respondió que los americanos se lo habían buscado por su política imperialista. Eso originó una discusión entre el cervecero y los tenderos que terminó cuando el primero decidió retirarse llevándose el producto que debía surtir.
En su camino de salida se encontró con el repartidor de refrescos a quien le comentó lo acontecido y quién también decidió retirarse sin entregar el producto, no sin antes dejar en claro a los tenderos el por qué de su decisión. El repartidor de cerveza llamó a su jefe y le explicó lo ocurrido, el patrón lo apoyó y llamó a los tenderos para avisarles que su cuenta con la empresa cervecera quedaba cerrada. Luego habló con sus amigos de otros negocios que también le vendían a esa tienda.
En pocos días todos los proveedores habían roto relaciones con esos tenderos a quienes no les quedó otro remedio más que cerrar la tienda e irse del pueblo.
No me voy a poner a hablar sobre la política, el racismo o el nacionalismo de los gringos, ni tampoco sobre la forma en que los musulmanes ven la vida porque no entiendo nada de eso. Lo que quiero dejar es cómo la decisión de una sola persona, el repartidor de cerveza, pudo sacar de un pueblo a personas que consideraban no deseables para el mismo.
Como no todos somos repartidores de cerveza tenemos que buscar la forma en la que sí podemos incidir para que nuestra sociedad mejore. Me parece que la inicial es la de inculcar en nuestros hijos los valores correctos y no enseñarles a entrar por la puerta de atrás. Para ello puede serle de utilidad el folleto “Familia Valiosas” que hace tiempo editó la Secretaría de la Función Pública y es una guía para construir un código de conducta al interior de cada familia. Se lo envío en su versión electrónica si es tan amable de mandarme un mensaje a yhablandode@gmail.com, y le pido que al recibirlo lo comparta para extender sus beneficios.
No me resta sino agradecerle por su amabilidad de prestarme atención en este año que inicia y la oportunidad que me da El Diario de seguir en contacto como lo estuvimos en los cincuenta y dos domingos del 2009. Mis sinceros deseos de que el año que inicia sea el mejor de su vida y de que nos reunamos en una próxima ocasión para encontrarnos hablando de…

jueves, 23 de julio de 2009

Clamemos Más por Nuestra Patria

Un excelente artículo de nuestro hermano Abelardo M.:

Al leer la sección de “Opinión” del Diario de Juárez este último Domingo 12 de julio, me sorprendió sobremanera el hecho de que los autores de tres diferentes artículos coinciden, de manera notable, en su análisis de las deplorables condiciones de violencia e inseguridad en las que vivimos, y en su señalamiento de uno de los factores que más contribuyen a propiciar esta terrible ola de criminalidad que nos agobia.

En referencia al homicidio de los dos miembros de la comunidad mormona de Galeana, ocurridos la semana pasada, el primer artículo expresa lo siguiente: “El artero asesinato del activista mormón Benjamín LeBarón es indicativo …. De los tentáculos tan largos con que se mueve el crimen organizado y, sobre todo, de la impunidad retadora con que desarrolla sus actividades, comete sus atrocidades y se burla de los cuerpos de seguridad en sus propios ojos.” Este artículo concluye afirmando que Benjamín LeBarón se ha convertido en un mártir de la impunidad, y preguntando “¿Cuántos Benjamines más será necesario que caigan para que nuestros gobiernos se movilicen, se organicen,… y le planten oposición real a la delincuencia organizada?”

Un segundo artículo señala que “A Benjamín lo mataron los mismos que han cobrado la vida de otros tres mil chihuahuenses en tan sólo los dos últimos años. Es la impunidad el cáncer que consume nuestras libertades, y parece que no hay voluntad de cortar el mal.” Luego el autor nos exhorta a mantener la lucha de la dignidad contra el descaro de los delincuentes y contra la apatía de las autoridades. “Nada nos repone las vidas que se han perdido –agrega el autor—pero esa certeza no tiene por qué sofocar la exigencia. No podemos acostumbrarnos a esta violencia, ni cometer el error de ver estas cosas como una normalidad.” El artículo termina llamándonos a exigir a nuestras autoridades el esclarecimiento de los crímenes grandes, pero también de “la infinidad de pequeños eventos que ocurren todos los días y van conformando la avalancha de impunidad que nos sepulta.”

El autor del tercer artículo, haciendo alusión a la arrolladora ola de terror a la que nos encontramos sometidos, dice haber buscado y rebuscado en el pasado de nuestra nación algún precedente similar, y afirma que “ni aún las tradicionales gavillas de bandoleros que asolaron los caminos nacionales hasta los años noventa del siglo XIX, alcanzaron el poderío, la audacia y el grado de impunidad con los que se desempeñan las bandas criminales de nuestros días.” Luego procede a refutar las afirmaciones del líder de la Cámara de Diputados y del propio Presidente de la República en el sentido de que aun no existe en México una situación de ingobernabilidad, con preguntas como estas: ¿Cómo se le llama al hecho de que veinte asesinos puedan tomar venganza contra dos ciudadanos indefensos que habían alzado la voz contra las extorsiones y los secuestros, en las mismas narices de soldados y policías? ¿Cómo se le llama a la comisión de homicidios a granel cada semana, en pueblos y ciudades? ¿Y a la impunidad generalizada? ¿Y a la diaria asechanza de los asaltantes que pueden aparecer en cada casa, en cada esquina, en cada cajero automático? Etc. etc.


Es por demás obvio que para los autores de estos tres artículos, y para muchos otros analistas y comentaristas de la problemática nacional, la gravedad de la crisis delictiva actual es tan severa que no tiene precedente histórico, y que en varias poblaciones tanto de nuestro estado como de otras entidades, ya presenta evidencias irrefutables de lo que en esencia constituye una situación de ingobernabilidad. Independientemente de que estemos o no de acuerdo en usar esta palabra para describir las condiciones presentes, considero que la primera pregunta que nos debemos hacer los cristianos es esta: ¿Estamos igual de concientes que los analistas y escritores seculares, en cuanto al nivel de gravedad de la crisis delictiva que nos rodea? Todos ellos advierten, y creo que con bastante precisión, que lo que estamos viviendo es un cáncer de impunidad que continúa extendiéndose lenta e inexorablemente sobre el territorio nacional. Y lo que inevitablemente le ocurre a todo organismo infectado de cáncer y no atendido, indudablemente le está ocurriendo a nuestra nación, debilidad, descomposición y finalmente muerte o destrucción. Que Dios nos conceda la capacidad necesaria para percibir la verdadera magnitud del mal que padecemos, pues sería realmente trágico que personas que no profesan una conversión genuina al cristianismo, tuvieran una mayor capacidad para discernir las señales de los tiempos que vivimos, que los creyentes.

La segunda pregunta obligada para los que creemos en el Único, Soberano y Todopoderoso Dios, y bajo el supuesto de que sí estamos concientes de estar sufriendo la peor crisis delictiva de la historia de nuestro país, es: ¿Qué efecto ha tenido en nosotros, y que estamos haciendo al respecto? Para todo verdadero creyente sería no sólo lamentable, sino inaceptable, o más aún, hasta reprobable, que se percatara de la tragedia social que nos abruma, y no fuera profundamente impactado, conmovido e impulsado a hacer algo al respecto. Quizá sea algo pequeño pero importante, como el practicar y promover una cultura de legalidad a título personal, cambiando hábitos que no son otra cosa más que impunidad en pequeña escala, tales como cruzar los semáforos en rojo, estacionarnos en lugares prohibidos, comprar artículos piratas, etc. Sólo así podremos combatir y dejar de fomentar ese infame cáncer de la impunidad en mayor escala.

Y la tercera pregunta, también bajo el supuesto de que la crisis actual no solo nos afecta y nos desconcierta, sino que además nos duele y nos impulsa a actuar, es: ¿Sabemos cuál debe ser, de acuerdo a lo que nos enseña la Palabra de Dios, nuestra más alta prioridad o nuestra ocupación primordial o nuestra tarea principal, para contribuir a que ocurra un cambio auténtico, profundo y permanente en todo México? Basta con abrir las Escrituras para comprobar que la respuesta categórica a esta pregunta es clamar. Aun los autores seculares nos dan el ejemplo, pues eso es precisamente lo que están haciendo por medio de sus artículos; están clamando y hasta reclamando a las autoridades y a la sociedad en general, con el fin de lograr que alguien escuche su clamor y haga algo al respecto, o al menos se sume a las voces que se atreven a levantar dicho clamor. Y lo hacen con denuedo, fervor y perseverancia, porque saben que la razón está de su lado, aun cuando están concientes de que claman ante instituciones y/o personas finitas, falibles y fluctuantes.

¿Estamos nosotros clamando con el mismo denuedo, fervor y perseverancia, motivados por la gloriosa realidad de que nosotros elevamos nuestro clamor ante un Ser infinito, infalible e inmutable, y que además posee todo el poder, toda la sabiduría y nos ama con amor eterno? ¿Estamos clamando por México más que antes de que surgiera esta crisis? ¿Estamos clamando más de lo que perdemos el tiempo en vanidades y trivialidades? ¿Estamos clamando más porque hemos decidido obedecer el mandato y creer la promesa que Dios nos da en el Salmo 50:15 donde nos dice, “E invócame (clama) en el día de la angustia; te libraré y tú me honrarás.”? ¿Qué esperamos para hacerlo?

Que Dios nos perdone por toda nuestra indolencia, negligencia o indiferencia ante la desgracia que nos aqueja, y que nos mueva a todos a clamar conforme a Su voluntad. Y creo que por simple lógica, la voluntad de Dios es muy clara, pues si estamos viviendo bajo condiciones de crimen y violencia que nunca antes habíamos vivido como nación, indudablemente debemos clamar a Dios como nunca antes lo habíamos hecho. Clamar en la Biblia significa levantar la voz ante Dios, y suplicar por su ayuda o intervención en situaciones de verdadera emergencia. Esto es exactamente lo que estamos viviendo, y por lo tanto debemos clamar ante nuestro Dios Todopoderoso, tanto a nivel individual como colectivo, en obediencia a 2Crónicas 7:14: “Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren (clamaren), y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra.”

¿Qué estamos esperando? Empecemos ¡hoy mismo!

sábado, 6 de junio de 2009

¿Estamos peor que antes?

Recientemente, con la muerte violenta de varias personas reconocidas de la ciudad así como de varios agentes de policía, la ciudadanía se ha preocupado de que las cosas sigan muy mal y que en base a las estadísticas de muertes en realidad estemos peor que antes. Según los números publicadas en un diario local hay un aumento del 67% en la cantidad de ejecuciones en comparación con el año anterior. Y lo que causa el desánimo es que estas muertes están sucediendo a pesar de que se encuentran en la ciudad miles de soldados y policías federales. Los datos y las circunstancias parecen indicar que estamos peor que antes. ¿Pero serán estos datos todo lo que debemos tomar en cuenta para llegar a esa conclusión?

Hay factores subjetivos que no se pueden medir fácilmente con estadísticas que tal vez debiéramos también tomar en cuenta. Por ejemplo, como resultado de la crisis de violencia, ahora hay en los juarenses un nuevo sentido de solidaridad por la ciudad. Hace un par de días escuchaba al Secretario del Ayuntamiento comparar la actitud de la población hacia la Presidencia Municipal. El año pasado por todos lados se escuchaban los reclamos irritados hacia el Presidente Municipal. Sin embargo, como resultado de la perseverante y valiente disposición de nuestras autoridades por hacer lo que se tenía que hacer, la percepción de la población hacia las autoridades es bastante diferente. Hay una alentadora y sorprendente solidaridad ciudadana hacia nuestras autoridades. Esto se confirmó recientemente por medio de una encuesta en que se calificó mejor al Gobernador y al Presidente Municipal que al mismo Presidente de la República. No creo que esto se deba a una percepción de que el Presidente Calderón no esté haciendo lo que debe hacer, sino creo que se debe a un sentido de cercanía y disposición que la gente ha podido percibir de sus autoridades locales y al correspondiente respeto que dichas autoridades se han sabido ganar al permanecer firmes al frente de la administración. Esto para mí es un gran avance.

Además, pudiéramos agregar otros factores. Por ejemplo ya se han arrestado a muchos delincuentes, esto quiere decir que la ciudadanía si respondió al llamado a la Denuncia Anónima, prueba de ello también es que los delincuentes quieren disuadirnos por medio del terror a que desistamos de hacerlo. También es alentador que se estén desarrollando bastantes nuevos policías, alentador porque quiere decir que aún hay gente valiente que está dispuesta a arriesgar su vida por defender la ciudad, algo que parecía imposible el año anterior. Y estos nuevos policías están siendo entrenados mejor y de manera más efectiva, o sea, no se está tratando de resolver el problema a la ligera como se hacía antes, sino más bien de fondo. Además, no solo hemos aprendido a cuidarnos mejor, hemos aprendido a subsistir en medio de este clima peligroso, o sea, la crisis nos ha hecho más fuertes, no más débiles. Y creo que si le rascamos podemos encontrar múltiples razones adicionales por las que pudiéramos decir que no estamos peor que antes. Cosas importantes como una nueva valoración de lo que realmente es importante en esta vida - nuestras familias, nuestra salud, y nuestra fe en Dios. ¿Cuánto vale esto? ¿Cuánto vale que la gente deje de considerar el dinero y el poder como los valores supremos y en su lugar humildemente empiece a buscar de Dios junto con sus familias?

Finalmente, creo que estamos mejor que antes porque creo firmemente que Dios está escuchado nuestras oraciones por esta ciudad. Dios no nos ha abandonado. Tal vez aún no veamos que la guerra se haya ganado, pero hay bastante evidencia de que Dios está obrando y se han empezado a ganar algunas batallas que hasta hace poco parecían imposibles de ganar. Ahora, más que nunca, necesitamos perseverar con valor y sin retroceder. Hoy es cuando hay que echarle más ganas a todo lo que hagamos, hoy es cuando debemos creer con mayor fe que Dios ha de transformar Cd. Juárez en un verdadero milagro.

¡Que Dios bendiga nuestra querida ciudad!

jueves, 28 de mayo de 2009

Sobre la Muerte de un Amigo

Salmo 9:12 Porque el que pide cuentas de la sangre derramada, se acuerda de ellos; no olvida el clamor de los afligidos.

Ayer subí a este blog el artículo anterior sin saber que unas horas más tarde iba a ser vilmente asesinado un amigo y compañero de escuela: Oscar Urías Cantú. Primero que nada quiero expresar nuestro más sentido pésame a toda su familia en especial a su esposa e hijos, le pedimos al Señor Jesucristo que los ayude y consuele como sólo él puede hacer.

Oscar era hijo de familias Juarenses muy conocidas, gente de trabajo, gente de bien. Se casó con una joven Juarense que creo conoció en la Secundaria del Parque, hermana de uno de nuestros compañeros del salón. Su historia debería haber sido diferente, debería haber vivido para contar a sus nietos las aventuras que vivimos cuando éramos adolescentes, contarles de nuestros buenos maestros y sobre todo de lo que había vivido y aprendido de su padres, de sus abuelos, de sus tíos y de sus hermanos. Contarles a sus nietos lo que era crecer en esta maravillosa ciudad que hace 40 años llegaba hasta la Plutarco Elías Calles y la Posada Pompa. Debería haber tenido la oportunidad de vivir su vida en paz y sin temor.

Pero no fue así, fue otra trágica víctima del mal que nos agobia. Víctima de personas que están dispuestas a matar a una persona porque no les dio lo que le pedían o simplemente porque querían demostrar que lo podían matar. No sabemos porque lo hicieron, lo único que sabemos es que cometieron una gran injusticia como la han cometido contra muchos de las más de 600 personas que han sido asesinadas en lo que va del año. Oscar es solamente un caso de los más recientes cuyo nombre reconocemos, pero es uno más entre los cientos que han muerto desde el año pasado de manera tan absurda y brutal.

Me duele muchísimo la muerte de este hombre, fue mi compañero en la Secundaria del Parque y en la Prepa del Chamizal, somos de la misma edad, llegamos a jugar basket juntos, pero mientras yo espero el nacimiento de mi nieto, él será sepultado por su querida familia. Eso me duele porque no soy mejor que él y no soy más merecedor de nada de lo que he recibido. Al preguntarme ¿por qué él? tengo que concluir que pudo haber sido cualquiera y eso lo hace aún más triste. Mañana puede ser otro compañero, otro vecino, otro juarense, otro mexicano.

¿Qué podemos hacer? ¿Cuánto tiempo nos tomará que esta ciudad cambie? ¿Cómo se puede cambiar una ciudad y un país que está inmerso en tanto mal? Ya lo he dicho antes, creo que el cambio empieza cambiando yo. Y yo cambio cuando en una actitud humilde reconozco y me arrepiento de todo aquello en mí que se rebela ante la Ley de Dios. El mal que está en nuestra ciudad también está en mi corazón, se llama pecado. No puedo pedirle a Dios que cambie a Juárez si no estoy dispuesto a que primero me cambie en lo personal dejando atrás ese pecado que lo ofende y agravia. El cambio empieza en mi corazón, en mi moralidad, en mi amor por la justicia y la rectitud. La buena noticia es que Jesús vino precisamente para cambiar pecadores injustos y hacerlos nuevas personas amantes de sus mandatos. El cambio empieza cuando cada uno de nosotros se acerca a Dios para buscar ese cambio personal.

Además, el cambio empieza en mi casa, en la instrucción y corrección de mis hijos; el cambio empieza en mi celosa participación ciudadana; el cambio empieza en el cumplimiento responsable de mis obligaciones; el cambio empieza en mi respeto absoluto a la legalidad; el cambio empieza en la oposición tenaz a mi propia indolencia. El cambio empieza en tomarme el tiempo de escribir estas cosas, que aunque pareciera que no contribuyen a cambiar en nada las cosas, pueden ayudar a que no se nos olvide lo que está pasando para que cada día seamos más los que estemos comprometidos a buscar un cambio para nuestra querida ciudad.

Unámonos en oración y clamor a Dios por nuestra ciudad y unámonos en la disposición de que debemos hacer todo lo que esté a nuestro alcance para contribuir a que poco a poco este terrible mal sea eliminado de nuestro País. Pero unámonos en la firme determinación que el cambio empieza en nuestro propio corazón.
Que Dios te bendiga,

martes, 26 de mayo de 2009

Un Triste Espectáculo


Qué triste fue atestiguar el verdadero carácter de la mayoría de los juarenses que asistieron ayer (jueves 21 de mayo) al juego de los Indios. Solo había asistido a un partido una vez anterior cuando peleaban por ascender, pero quería ser parte de lo que creía iba a ser una fiesta histórica para Juárez. Pero desgraciadamente salí decepcionado. No por el desempeño del equipo, nuestros Indios jugaron bien y creo que hicieron un muy digno papel. Pero sentí vergüenza al haber sido testigo del comportamiento de la afición en las tribunas.
Aquello se convirtió en una gran cantina. Se vendieron cerca de 24,000 litros de cerveza. O sea el equivalente a 3 cervezas por cada persona asistente. Yo mismo me sorprendía ver a las jovencitas “fresa” que con su camiseta nueva de los Indios no dejaban su cigarrillo y se tomaban 5 o 6 litros. El partido parecía haber sido solo una excusa para emborracharse y por consecuencia actuar como salvajes disolutos. Me enteré que el distintivo de la afición en Juárez era precisamente celebrar el desempeño de su partido arrojando miles de vasos de cerveza a sus vecinos en las tribunas. Esa es nuestra distinción, así se nos conoce en el País.
Ir a un juego no es para nada un espectáculo familiar ni deportivo. Es ir a cuidarse de los borrachos. Lo triste de esto es que Juárez estaba siendo reconocido por todo el País por la esperanza que habían traído los Indios a su ciudad. Hasta parecía que el turismo podría volver a Juárez al querer ser parte del milagro de los Indios. Pero mucho de la afición mostró la verdadera cara de Juárez: violencia, abuso y disolución. Tristemente TV Azteca se encargó de mostrarle a todos lo bajo y corriente que podemos ser al transmitir en cadena nacional el actuar de la afición: guerra de vasos entre todos, mujeres gritando obscenidades y peleando, pleitos, golpes y empujones entre puros fanáticos de Juárez y hasta un tipo que idiotizado por el alcohol se atrevió a darle un puñetazo a una mujer. No vi para nada un espíritu de “Unidos por Juárez” o de “Amor por Juárez”. Ese es nuestro mal, no amamos nuestra tierra, no respetamos el derecho ajeno y nos vale la justicia y la legalidad.
Según las encuestas nacionales, la mayoría de los mexicanos deseaban que los Indios ganaran la liguilla. Eran la “cenicienta” del torneo y todos aman a la cenicienta. Pero me pregunto ¿qué pensará el País acerca de Cd. Juárez después de haber visto la forma en que nos comportamos ayer en el estadio? Probablemente piensen que Juárez no merece tener un equipo campeón. O tal vez concluyan que ese comportamiento deplorable sea parte de la razón de la crisis que estamos viviendo. Muchos estábamos animados de que la imagen de Juárez estaba siendo cambiada por nuestro equipo de futbol. Ahora me siento avergonzado por el triste espectáculo que dimos.
Creo que le debemos una disculpa a los Indios, al Profe Eugui, a la familia Ibarra y a los verdaderos y fieles aficionados de los Indios por el pobre espectáculo que se dio ayer en las tribunas. ¡Qué Lástima! Cuando más necesitaban nuestras porras, los jugadores veían a los “aficionados” peleándose entre ellos. Y lo que han logrado como equipo en el País, fue manchado por muchos de esos “aficionados”.
Ahora para los Indios solo queda un posible milagro en Pachuca. Tengo sentimientos encontrados porque quiero a mi ciudad y quiero que tenga muchas cosas de que alegrarse, pero también quiero que la gente recapacite, que la gente cambie y crezca, porque si no lo hace seguiremos de mal en peor. Aunque digan que es imposible, quiero que ganen los Indios y que comprueben que aún hay milagros. Y para mi ciudad muchos dirán que es imposible que cambie la gente, pero sigo pidiéndole a Dios el milagro de que Juárez sea una ciudad de paz y justicia verdadera.
Que Dios bendiga y perdone con gran misericordia a nuestra ciudad…

lunes, 16 de febrero de 2009

¡CUANDO ÉL QUIERA!

“El Señor dará fuerza a su pueblo;
el Señor bendecirá a su pueblo con paz.”
Salmo 29:11

Hace un par de semanas, un jueves por la tarde, con un clima excelente para ser febrero, conducía yo por la Casas Grandes rumbo a Jilotepec. Al llegar al cruce con Montes Urales, esperando la luz verde para poder dar vuelta a la izquierda, se acercaron dos muchachas de una iglesia cristiana pidiendo apoyo para un viaje misionero. Sentí gusto y mientras buscaba algunas monedas que darles, les pregunté: “¿Cuándo viene Cristo?”
La Palabra nos informa que debemos estar atentos a su regreso. ¡Velad! es una de las instrucciones; velemos, no sea que estemos dormidos o distraídos aquél día prometido en el que le veremos tal como Él es.
Días mas tarde, en sentido contrario, rumbo al centro de la ciudad, en esa misma cuadra, un hombre yacía en el asfalto, cercado por llantas para desviar el tráfico. Pensé que había sido atropellado. Sentí dolor. Cuando leí las noticias resultó que el hombre, que viajaba con su mujer encinta, era perseguido y al ser alcanzado, para protegerlos, salió y se alejó del auto y fue asesinado por una cuadrilla de bellacos. ¿Cuándo viene Cristo?
La misma pregunta formulada en dos episodios lejanos; uno de vida y entusiasmo, y otro, con la amargura de la violencia; ambos a unos metros de distancia y yo asomado a la misma ventana y por gracia, acompañado por el mismo Dios.
Cuando le hice la pregunta a las muchachas, respondí mentalmente: “Cristo viene pronto” como si me quisiera adelantar a la respuesta y esto lo anhelé porque es nuestra mayor aspiración.
Pero una de las dos muchachas, vivaz y sonriente, respondió sin apenas pensarlo y con toda certeza: “¡Cuando Él quiera!” Me encantó la respuesta. Vi en esas tres palabras todo el alcance de Su poder antes de dar la vuelta gozoso rumbo a la espera.

Antonio CANCHOLA CASTRO

miércoles, 11 de febrero de 2009

¿Felices por la muerte de Sicarios?

El día de ayer los miembros del Ejército Mexicano mataron a 14 presuntos sicarios en los campos entre Samalayuca y Villa Ahumada. Estamos muy de acuerdo que como ciudadanos debemos respaldar las acciones del Ejército y agradecerles que arriesguen sus vidas por el País. A la vez, debemos honrar al soldado que aparentemente murió. No tengo la menor duda de que actuaron de la manera que era necesario aunque esto haya resultado en la muerte de estas 14 personas que justo acababan de asesinar a otros 6 hombres. Sin embargo, la noticia provocó una respuesta de alegría y hasta fiesta entre los lectores del Diario de Juárez. El comentario general era en el sentido de que era muy bueno que se acabara con esa “lacra” (esta fue la palabra predilecta de los que comentaron).


Aunque este suceso es una victoria para el Ejército Mexicano y una derrota para las fuerzas del mal, debemos reconocer que la muerte nunca debe ser motivo de fiesta o alegría. Es lamentable que esta gente vinculada al narcotráfico ande haciendo lo que anda haciendo. Ejecutando personas todos los días, haciendo un espectáculo público de su prepotencia e impunidad. Matando inocentes porque se atravesaron en su camino y en general jactándose de hacer todo tipo de mal. Todo mundo sabe que iban a terminar como terminaron; sin rendirse, implacables y arrogantes cayeron bajo las balas de los soldados que en este caso demostraron no solo ser mejores sino, tal como lo establece la Biblia, agentes de la justicia divina. Pero aún así, todo esto debería llevarnos a una sobriedad muy profunda y a un lamento por el derramamiento de más sangre, aunque haya sido de probables sicarios. Estos hombres debían ser traídos a justicia, pero Cristo dice que no desea la muerte de ningún hombre, sino su arrepentimiento.


Démonos cuenta de lo que está sucediendo en nuestro País. Esto no debería estar pasando. ¡México no debería ser un País en donde 14 hombres armados llegan a un poblado y levantan a 9 personas para ejecutarlas! Que luego llegue el Ejército y los sorprenda y los sicarios recojan las consecuencias de sus crímenes no elimina la pena de darnos cuenta la condición de nuestro País. ¿Se hizo justicia? Tal vez, solo Dios lo sabe. Pero cómo hubiera querido que este incidente ni siquiera nos lo hubiéramos imaginado posible. Para mí no es motivo de alegría, sino de pena. Pena por México, pena por mi País, mi estado y mi ciudad que ya cuenta los días en base a la cantidad de muertos.


Le sigo pidiendo a mi Señor que establezca su justicia firmemente en nuestro País, pero junto con ello le pido que en su ira, se acuerde de tener misericordia. ¡Oremos por un México de legalidad y justicia en donde reine el temor de Dios!

viernes, 16 de enero de 2009

“No seas vencido por el mal, sino vence con el bien el mal” - Romanos 10:21

Hace tiempo que he querido publicar este artículo. En días recientes me ha sido muy notorio que algo nos está pasando como resultado de la crisis de violencia y crimen en nuestra ciudad. Lo identifico en mi vida y lo veo suceder en otros. He visto que el temor a que me pase algo malo me ha llevado a NO HACER cosas que deberíamos seguir haciendo - como ayudar a personas en la calle que se les ha descompuesto su carro, bajar el vidrio para escuchar a alguien que me quiere pedir alguna ayuda en un crucero, sospechar de todo el que me llama por teléfono y no lo conozco, etc. En otras palabras, la presencia y actos de algunos criminales me ha llevado a sospechar de todos y a buscar protegerme de la posibilidad de que alguien me haga un daño.

En esta Navidad un amigo me contó que su hermano fue atacado en un transitado crucero de nuestra ciudad. Fue sacado de su automóvil amenazado con un cuchillo con la intención de robarle su carro. Al oponer resistencia fue brutalmente golpeado por 4 individuos inclusive recibiendo un golpe en la cara con una “L” y múltiples patadas en el piso. Este hombre se pudo percatar que los demás automovilistas que se encontraban en el crucero, no querían ni siquiera voltear a verlo y nadie se ofreció a ayudarlo, ni cuando lo estaban golpeando ni después que habían huido los maleantes. ¿A esto hemos llegado los Juarenses? ¿En dónde quedó la solidaridad? ¿Desapareció ya el heroísmo y la disposición de ayudar al caído? ¿Estamos dispuestos a presenciar un crimen pero sin movernos a impedirlo? ¿Qué si lo hubieran matado a golpes? Podemos suponer que si 2 o 3 hombres se hubieran bajado de sus automóviles los maleantes hubieran huido. Tal vez, el hombre hubiera recibido menos golpes, pero lo que si es seguro es que no se hubiera sentido abandonado por sus conciudadanos.

En otro incidente navideño, una jovencita fue sacada del pequeño negocio familiar y secuestrada por varias horas por unos mozalbetes armados solo con un cuchillo. A unos metros de distancia varios empleados de otro negocio, entre los que había varios hombres, presenciaron todo el suceso y solo atinaron cerrar las puertas del negocio con llave para impedir que a ellos les fuera a pasar algo. Ante la mirada de varios hombres se llevaron a una jovencita que pudiera haber perdido la vida en manos de unos desalmados. ¿Qué les diría el padre de la joven a esos hombres? Me duele reconocer y confesar que no sé lo que yo hubiera hecho si yo hubiera sido uno de los que presenciaron estos crímenes. ¿Qué hubieras hecho tu?

Algunos me pueden decir que en este clima de inseguridad el ayudar a alguien significa arriesgar la vida. Pero Cristo dijo que no hay mayor amor que este, que alguien de su vida por sus amigos. El heroísmo es precisamente eso, arriesgar tu vida para salvar a otro. Si acepto este argumento y justifico el no haber hecho nada, entonces estoy diciendo que por la inseguridad debemos renunciar a ese amor y que cada quien debe entonces solo cuidar su propia integridad. No puedo aceptar eso. Una sociedad no se puede sostener si no hay valores superiores. Creo que uno de esos valores es que debemos estar dispuestos a luchar y hasta arriesgar la vida por el bien general. Eso es lo que hacen los soldados en el ejército, los bomberos y los policías. Pero creo que también lo deben hacer los hombres de valor y de bien. Estoy seguro que todos estos malhechores saben que nadie se atreverá a intervenir y por eso se han vuelto tan atrevidos y descarados en sus crímenes.

¿Recuerdan la parábola del Buen Samaritano (Lucas 10:30-37)? Este “cierto hombre” cayó en manos de malhechores, fue asaltado y golpeado y dejado por muerto. Pasaron dos “hombres de bien”, un sacerdote y un levita, pero estos pasaron de largo, inclusive dice que pasaron por el otro lado del camino, y no ayudaron al victimado. Pero un Samaritano extranjero pasó y le tendió la mano, lo levantó, lo curó y lo cuidó. Solo él extendió misericordia y Cristo dijo que nosotros deberíamos hacer lo mismo. El sacerdote y el levita tal vez obraron sin compasión debido a su gran egoísmo o indolencia, pero nosotros podríamos hacer lo mismo – esto es, pasar de largo - debido a nuestro temor. Aunque sea por temor, no estaríamos haciendo lo que debemos hacer – esto es, extender misericordia.

El mayor peligro para Juárez sigue siendo que la gente de bien decida no hacer el bien por temor a que le pase algo malo. ¿Cuánto bien se habrá dejado de hacer porque salimos de nuestra casa pensando: “Algo malo me puede suceder hoy”? Los animo a que salgan de sus casas con la disposición de ayudar al necesitado y la firme intención de buscar la oportunidad de hacer un bien a alguien. Hay gente que está saliendo de sus casas con la firme intención de hacerle un mal a alguien más. Pero, ¡somos más los que podemos salir con la intención contraria! Si muchos de nosotros estamos dispuestos a arriesgarnos por defender a alguien, estoy seguro que prevaleceremos. Si muchos de nosotros nos convertimos en “Buenos Samaritanos” contaremos con la bendición de Dios para nuestra ciudad.

Luchando contra el Mal con el Mal

Esta semana hemos sido sorprendidos con la noticia de que aparentemente hay un “Comando Ciudadano por Juárez” que se ha propuesto luchar contra la criminalidad matando un maleante cada 24 horas. Esto se ha difundido por los medios sin que haya provocado aún la respuesta de nuestras autoridades (http://www.diario.com.mx/nota.php?notaid=ea97927ba959b790c60fb2d3066aa1a). No sabemos si en realidad exista este comando o sea solo una estrategia de algunas personas para inspirar terror en los criminales y esperanza en los ciudadanos. Sin embargo, parece haber indicios que si ha habido ejecuciones recientes que pudieran acreditarse a grupos de esta naturaleza. Si ya existe o se pretende que exista, todos debemos preguntarnos si esto es lo que nuestra ciudad necesita o si en lugar de ser una solución al problema viene más bien a agravarlo.

La tentación de todos nosotros es a querer que esto se acabe de cualquier forma posible. Sospecho que la mayoría de nosotros estaríamos secretamente de acuerdo a que se ejecute a los malhechores. En ese profundo sentido de inseguridad que todos compartimos anida el deseo de que alguien venga y haga justicia por cualquier medio necesario. Esta es la premisa de muchas de las películas de acción que se producen en estos tiempos. Hay un mal terrible, oculto, corrupto, poderoso, luego viene algún héroe, rebelde, implacable, incorruptible, que sin sujetarse a las normas de la ley hace lo que nadie se atreve a hacer, y ajusticia a los malvados por su propia mano. Al final todos lo consideran como un héroe y los que se oponen a él y a sus métodos aparecen como unos insensatos cerrados, pues tienen más consideración de las leyes en lugar de apreciar los resultados que produce un no-conformista. Estamos condicionados por esas historias y por nuestro temor y deseo de seguridad a aceptar como un mal necesario ese comando ciudadano. Pero, ¿debemos aceptarlo?

La respuesta es un rotundo no. No se puede luchar contra el mal con más mal. Primero que nada, no es bíblico, o sea, no está permitido por Dios. Dios le ha dado la autoridad de la espada al gobierno de las naciones. Esto nos indica que solo algunos deben tener la autoridad de ejercer la fuerza pública. Y que a esas personas se les ha delegado una autoridad sujeta a leyes públicamente reconocidas. Si ese gobierno no es capaz de implementar justicia y paz, eso no quiere decir que entonces tenemos la libertad de implementar nuestra propia justicia. ¿Quién dirige a esos empresarios que patrocinan ese comando? ¿A qué ley se están sujetando? ¿Qué lineamientos o procesos están siguiendo para determinar a quién deben ejecutar? ¿Quién les pedirá cuentas de sus decisiones o actos? ¿Quién los va a limitar o pondrá un tope a su poder? ¿Qué o quién podrá impedir que usen ese comando para sus propios intereses?

La verdad es que la historia está llena de instancias en que individuos o grupos de poder toman la decisión de cambiar las cosas por la fuerza de su propia mano. Es por eso que ha habido asesinatos de figuras públicas, derrocamientos de gobiernos, guerrillas, grupos de choque, escuadrones de la muerte, etc. Y detrás de todos esos casos se podrán encontrar personas o grupos que toman la decisión de usar su poder de manera ilícita para cambiar las cosas a su favor. En nuestro caso, hay personas que están viendo sus intereses afectados por la criminalidad y están dispuestos a pagar a un comando de asesinos a que cace malhechores y los ejecute. No podemos aceptar ni aplaudir algo como esto. La violencia siempre engendra mas violencia. El mal siempre produce mas mal. Derramar sangre injustamente, aunque parezca una medida necesaria, siempre ofenderá a Dios. Queremos paz y seguridad, pero no al precio de ejecuciones clandestinas por encima de la ley. Queremos justicia, pero también queremos un estado de derecho, en donde impere la ley y la autoridad establecida.

Yo hago un llamado a nuestras autoridades a que no acepten implícitamente con su silencio e inacción la ayuda de estos comandos. Ellos también tendrán que ser combatidos y detenidos si el objetivo es que se establezca un nuevo estado de derecho en nuestro país. De la misma forma que no podemos aceptar que el gobierno trance con los carteles para que se restablezca un “orden” aparente, tampoco podemos aceptar que se trance con este grupo para que les ayuden a limpiar nuestra ciudad.

viernes, 2 de enero de 2009

Una Respuesta Cristiana a No Pagar Impuestos


Este es otro correo que he querido publicar con respecto del llamado a la suspensión de pago de impuestos este año. Este correo está escrito desde una perspectiva Cristiana y creo debe ayudar a todos aquellos que quieran actuar conforme a las Escrituras. Desgraciadamente, hay muchos Cristianos que en ignorancia de las Escrituras están dando su consentimiento a acciones que van en contra de la Palabra de Dios. Espero que les sirva

Querido J.:
Te agradezco que me sigas enviando mensajes relevantes que tienen que ver con la problemática tan grave que estamos viviendo. Sin embargo, en esta ocasión y con todo el respeto que tanto tú como todos los habitantes de nuestra ciudad se merecen, permíteme expresarte mi humilde opinión al respecto.

Creo que dejar de pagar impuestos, o cualquier otro acto ilegal, lejos de contribuir a la solución, nos hundiría aun más en la anarquía e injusticia que estamos padeciendo, por la sencilla razón de que un mal jamás es la solución para corregir otro mal; esto sólo hace que el mal se multiplique, y no que se reduzca. Es como cuando en nuestros hogares hay gritos y conflictos. Aunque muchos esposos piensan que la solución es gritar más fuerte, la verdad es que eso sólo empeora las cosas, y si las calma momentáneamente, es sólo una calma falsa y efímera que eventualmente se desvanecerá ante la realidad de los sentimientos que aún existen en el interior de las personas involucradas. Así también, uno o más actos de ilegalidad de nuestra parte, sólo harán que aumente el caos que ya existe precisamente por causa de múltiples actos de ilegalidad.

Considero que la verdadera solución, tanto en esto como en todas las áreas de la vida, es actuar conforme a los principios que Dios nos ha dejado en Su palabra, aunque nos parezcan difíciles de entender o aun hasta incongruentes. Y lo que Dios nos manda en cuanto a nuestras obligaciones para con nuestro gobierno, está muy claro en el capítulo 13 del libro de Romanos en el Nuevo Testamento, lo cual consiste en pagar fielmente nuestros tributos o impuestos, independientemente de que ese gobierno esté cumpliendo o no con sus obligaciones. Hasta el mismo Señor Jesucristo nos dio un ejemplo de esto, al pagar sus impuestos a uno de los más corruptos y abusivos imperios que han existido, el imperio Romano. Claro que no estoy diciendo que no hagamos nada con respecto a la corrupción e incompetencia de nuestro gobierno; podemos y debemos denunciarla y exigir cambios, pero siempre dentro de un marco de respeto y legalidad.

El problema de fondo, mi estimado J, es que la mayoría de los mexicanos no le creen a Dios ( y si dicen que sí le creen, es sólo con sus labios y sus mentes, pero no con sus acciones), y por eso deciden actuar de acuerdo a su propia opinión, y no de acuerdo a lo que Dios nos manda en Su palabra. Pero si tú realmente le crees, esa fe se puede demostrar sólo de una manera, y esa manera es la obediencia cabal, no sólo parcial o selectiva. Ojalá que cada día más mexicanos le creamos realmente a Dios y lo demostremos por medio de una manera de vivir obediente a sus principios. Proverbios 3:7 dice así: “No seas sabio en tu propia opinión; más bien teme al Señor y apártate del mal.”

Espero que lo anterior te sea de algún provecho amigo, y si en algo más puedo servirte, estoy a tus respetables órdenes.

Saludos en Cristo

A.Muñoz

jueves, 18 de diciembre de 2008

Solidaridad con la Policía

Esta mañana fui sorprendido por la noticia del asesinato del Comandante de la Policía, Capitán Roberto Ramírez. El Capitán fue literalmente secuestrado de su domicilio y ejecutado unos minutos después. Su cuerpo fue encontrado en las afueras del Galgódromo de Cd. Juárez, a unos metros de mi oficina. Lamento profundamente la muerte del Capitán Ramírez y le extendemos a su familia nuestras más sentidas condolencias. Lo triste de esto también es que él es el sexto policía que es asesinado en los últimos tres días.

Considero este ataque a la policía como una evidencia de que la policía si está estorbando a los malhechores en la ciudad y por ese motivo aplaudo sus esfuerzos y disposición de arriesgar su vida para darnos algo de seguridad. No me quiero ni imaginar lo que esta ciudad sería si nuestra policía renunciara a su labor. Creo que en estos tiempos es absolutamente necesario que todos mostremos gran solidaridad con nuestra policía y autoridades. Reconozcamos que arriesgar tu vida por la ciudadanía es pedirle a una persona y a su familia algo bien grande y que sería bien terrible si los ciudadanos ni siquiera lo reconocen o aprecian.

Romanos 13:7 Pagad a todos lo que debáis; al que impuesto, impuesto; al que tributo, tributo; al que temor, temor; al que honor, honor.

La Biblia nos llama a que demos honor al que honor merece. Nuestras autoridades merecen honor por ser autoridades, pero cualquier servidor que además arriesga su vida por la ciudadanía es digno de doble honor y reconocimiento. Para los Cristianos esto debe ser bien claro, pues nuestro Señor nos dijo que no hay mayor amor que ese, que alguien de su vida por alguien más (Juan 15:13).

De una manera práctica, invito a todos a que consideren a estos policías como verdaderos héroes y les extiendan ese aprecio y honor. Si conoces a un policía te animo a que lo bendigas y ayudes de cualquier manera que puedas, tanto a ellos como a sus familias. Lo mínimo que puedes hacer es regularmente levantar una oración a Dios por su protección y bienestar. Además, esta es una de las razones mas importantes para pagar nuestros impuestos de manera puntual. Es nuestra manera de contribuir para los salarios y prestaciones para ellos y todos los servidores públicos.

Espero que a estos oficiales se les de una sepultura de honor y que se apoye a sus familias de manera generosa y atenta. Pero también le pido a nuestro Señor que la Iglesia Cristiana de Cd. Juárez pueda hacerles saber a cada uno de nuestros policías y a sus familias que Cd. Juárez aprecia lo que hacen y les está eternamente agradecida.

sábado, 13 de diciembre de 2008

Legalidad y Solidaridad


Vivo en un fraccionamiento en el que los vecinos hacemos una cooperación para pagar un guardia para la entrada y el mantenimiento del parque. Hay muchos fraccionamientos que tienen el mismo sistema. Lo hacemos para compensar la inseguridad en la ciudad y la falta de servicios municipales en torno al mantenimiento de áreas comunes. Sin embargo, en todos los fraccionamientos, los comités de vecinos tienen el mismo problema: ¡muchos no quieren pagar! La formación de estos acuerdos y comités no son necesariamente acuerdos legales sino acuerdos comunitarios de apoyo mutuo. Si no pagas no violas la ley, pero no pagar es abusar de los demás. Es querer el beneficio de los servicios prestados, pero sin tener que pagar por ellos.
Como mexicanos fallamos en esto, no sabemos ser buenos ciudadanos, buenos vecinos, buenos compañeros. Estamos buscando sacar ventaja de lo que podamos. No somos solidarios, ni respetamos los acuerdos comunes. Y ese es un mal que nos está ahogando en estos tiempos de criminalidad. Porque ahora necesitamos presentar un frente común, una unidad comunitaria que nunca hemos practicado. Sin ella, es muy improbable que las cosas cambien pues un pueblo dividido siempre será débil.
Es por ello que debemos tener mucho cuidado con apoyar movimientos o acciones que tengan como fin (intencional o no-intencional) dividir nuestra sociedad. Creo que como cristianos y buenos ciudadanos debemos siempre buscar participar en aquello que sume al bien, no cosas que puede que sean buenas pero que al final de cuentas tienen resultados divisivos. Por ejemplo, aunque nos preocupa y duele que los médicos de nuestra ciudad estén siendo el objeto de los criminales y respetamos su derecho de manifestarse públicamente por ese motivo, no creo que sea correcto que apoyemos su iniciativa de condicionar el pago de impuestos a su satisfacción sobre los avances del gobierno en la lucha contra el crimen.

Debemos darnos cuenta lo que esto significa. Primero, ¿quién será el encargado de determinar cuándo y de qué forma se ha avanzado suficiente en la lucha contra el crimen? Esto es algo completamente subjetivo y relativo, pues lo que a uno le pueda parecer avance a otro no. Segundo, la inseguridad y el crimen no afecta solo a los médicos, de tal forma que si el gobierno responde a su presión, ¿qué pasará con los otros sectores de la sociedad? ¿Tratarán otros grupos de imitar su protesta? Creo que el gobierno no debe, ni puede atender a un grupo por encima de otro. Tercero, en tiempos de crisis y guerra, la victoria nunca se obtendrá por medio de la división. Si nuestro gobierno ha sido incapaz de hacerle frente a la oleada del mal, será aún más incapaz si se le limitan los recursos con los que debe contar para seguir en esa guerra. Cd. Juárez cuenta con 1,600 policías municipales. Según un experto en crimen se estima que para lograr una verdadera derrota al crimen se requerirían aproximadamente entre 8,000 a 10,000 policías. ¡Estamos hablando de 5 o 6 veces más! Lo lógico no sería que dejáramos de pagar impuestos, sino mas bien que el gobierno subiera los impuestos y se asegurara que todos paguen. Una buena pregunta para todos los médicos sería: ¿Han sido todos ellos fieles en su pago de impuestos a través de los años? Porque si no es así, el resto de la ciudad pudiera reclamarles mas bien que paguen sus impuestos para que todos podamos tener una mejor seguridad.

En lo que respecta a los creyentes en la Biblia, el mandato es muy simple: Someternos a la autoridad y pagar nuestros impuestos, pues ellos darán cuenta a Dios como sus delegados de autoridad:
Romanos 13:1 Sométase toda persona a las autoridades que gobiernan; porque no hay autoridad sino de Dios, y las que existen, por Dios son constituidas. 2 Por consiguiente, el que resiste a la autoridad, a lo ordenado por Dios se ha opuesto; y los que se han opuesto, sobre sí recibirán condenación. 3 Porque los gobernantes no son motivo de temor para los de buena conducta, sino para el que hace el mal. ¿Deseas, pues, no temer a la autoridad? Haz lo bueno y tendrás elogios de ella, 4 pues es para ti un ministro de Dios para bien. Pero si haces lo malo, teme; porque no en vano lleva la espada, pues ministro es de Dios, un vengador que castiga al que practica lo malo. 5 Por tanto, es necesario someterse, no sólo por razón del castigo, sino también por causa de la conciencia. 6 Pues por esto también pagáis impuestos, porque los gobernantes son servidores de Dios, dedicados precisamente a esto. 7 Pagad a todos lo que debáis; al que impuesto, impuesto; al que tributo, tributo; al que temor, temor; al que honor, honor.

jueves, 11 de diciembre de 2008

Promotores de una Cultura de Ilegalidad

El día de ayer pude ser testigo de un ejemplo de la cultura de ilegalidad que permea nuestra sociedad. Estaba comiendo en un local de comida rápida en El Paso, TX y enseguida de nosotros se sentaron un hombre y dos mujeres que también eran de Cd. Juárez. Podíamos oir su conversación pues estábamos bastante cerca y ellos hablaban bastante fuerte. En eso, el hombre recibe una llamada por su radio de parte del mensajero de su negocio y le comunica que había sido detenido por un agente de tránsito por exceso de velocidad. La inmediata reacción de este hombre fue indicarle a su mensajero que buscara la manera de “arreglarse” con el agente y que se la hiciera “llorona”. Posteriormente se acordó que había conocido a un agente de tránsito en el gimnasio y que traía su teléfono, el cual buscó y llamó por su celular. Le pidió al agente de tránsito que le hiciera el favor de intervenir con el otro agente para que no multaran a su mensajero y le proporcionó el número de la motocicleta. Finalmente, parece que si multaron al mensajero.

Esto es lo que pensé: si yo le preguntara a estas personas que piensan de la criminalidad en Cd. Juárez, probablemente me dirían que están hartos de tanto crimen. Me dirían ¡Ya Basta! Pero tristemente, no creo que se darían cuenta que lo que acababan de intentar hacer era precisamente promover una cultura de ilegalidad y de corrupción en nuestra sociedad. No podemos pedir un cambio en nuestras autoridades si nosotros no estamos decididos a cambiar radicalmente en torno a la legalidad. La legalidad es el apegarnos a la ley, el reconocer nuestra responsabilidad ante la Ley y asumir sus consecuencias cuando la violamos.

Por ejemplo, no podemos justificar el sobornar una autoridad pues el que soborna es tan culpable como el que recibe el soborno. Dios prohíbe el soborno precisamente porque es torcer la ley y hacer acepción de personas basado en una cantidad de dinero:

Deuteronomio 16:19 No torcerás la justicia; no harás acepción de personas, ni tomarás soborno, porque el soborno ciega los ojos del sabio y pervierte las palabras del justo.

¿Cuántas personas no han participado de esto? ¿Cuántos empresarios habrán obtenido beneficios por medio del soborno? ¿Cuántos jueces no habrán torcido la ley para beneficiar a un poderoso? Desgraciadamente, México tiene uno de los primeros lugares como uno de los países más corruptos en el mundo pues estamos recogiendo las consecuencias no solo de tolerar esto, sino de beneficiarnos con ello. Hemos fomentado una autoridad que acepta el soborno, porque nosotros hemos buscado beneficiarnos con ello, en lugar de aceptar las consecuencias de nuestras acciones. Y este es un caso en el que se aplica el dicho que cada pueblo tiene el gobierno que se merece, un pueblo que promueve el soborno tiene gobernantes injustos:

Isaías 1:23 Tus gobernantes son rebeldes y compañeros de ladrones; cada uno ama el soborno y corre tras las dádivas. No defienden al huérfano, ni llega a ellos la causa de la viuda.

Y podemos hablar de múltiples instancias en que abusamos de la ley: ignoramos los señalamientos de tránsito, circulamos sin placas, no pagamos impuestos ni pedimos factura para no pagar el IVA y en términos generales buscamos la manera de evitar tener que pagar o cumplir con la ley. Mientras esa actitud entre todos nosotros no cambie, no cambiarán nuestras autoridades, ni cambiará el clima de violencia y criminalidad en nuestra sociedad.

domingo, 7 de diciembre de 2008

Un Llamado a la Solidaridad Paseña

El día de hoy se publicó la noticia que en el marco de la tradicional ceremonia de encendido del árbol de Navidad en El Paso el sacerdote jesuita Edwin Gross dijo consternado estas palabras:
“Estamos con los juarenses y sufrimos con ellos; ellos tienen solidaridad con nosotros y nosotros con ellos. Quisiéramos apoyar cualquier medida posible”.

En verdad para los juarenses son palabras muy significativas que apreciamos mucho pues en realidad necesitamos la solidaridad de nuestros vecinos. Pero me surge la pregunta, ¿qué sería para nosotros una manifestación de esa solidaridad? Aunque en realidad apreciamos sus oraciones y su consternación, también necesitamos su presencia. Y no es que necesitamos que vengan a Juárez a consumir en apoyo a nuestra economía (aunque lo necesitamos), sino que necesitamos su presencia.

Nuestra ciudad está en duelo, hay en cada uno de nosotros un sentir de dolor por lo que sucede, no solo es angustia, sino que en cada persona sensible que ama nuestra ciudad y País hay un profundo sentir de tristeza y pérdida. Lo tiene que haber, pues se han perdido muchísimas vidas, se ha perdido la seguridad, se ha perdido la confianza, se ha perdido el respeto a la vida y a las autoridades, se ha perdido el orden, se ha perdido la paz y se ha perdido la inocencia.

Y como sucede cuando estamos en duelo, que hemos perdido a algún ser querido, o se nos ha informado de una terrible enfermedad, o ha sucedido alguna tragedia en nuestras vidas, en esas ocasiones no parece suficiente que alguien te diga solamente, “estamos orando por ustedes”. Esto no es un reclamo para nuestros hermanos Paseños, sino una respuesta a las palabras del sacerdote Gross. Si desean apoyar de cualquier manera posible les queremos decir: Los necesitamos. Su presencia, como una expresión de su amor y solidaridad, sería tremendamente significativa.

Yo animo a nuestros hermanos Paseños a que en esta Navidad pongan en práctica las palabras del apóstol Pablo: “Gozaos con los que se gozan y llorad con los que lloran” (Romanos 12:15). Que lo hagan mostrando su solidaridad con su presencia, vengan y visiten a sus familiares, amigos, hermanos y simplemente díganles: "quisimos venir a decirles que estamos con ustedes, que los amamos y que nos duele lo que están viviendo". Les aseguro que será una gran bendición, pues será una manifestación del amor que nos mostró Jesús. El no consideró la gloria como algo digno a qué aferrarse, sino que se humilló, descendió y se hizo como nosotros. Esa es la gloria de la encarnación que celebramos en Navidad. El Dios eterno que no tenía necesidad de ensuciarse las manos, vino a identificarse con nosotros; y no solo eso, sino que tomó nuestro lugar y murió en nuestra representación. Eso celebramos en Navidad y es por eso que la presencia de nuestros queridos hermanos Paseños sería el mejor regalo.

viernes, 5 de diciembre de 2008

¡Nos debe doler!

Quisiera que todos viéramos esta foto con cuidado. Son vidas, son seres humanos, son como cualquiera de nosotros. Tenían familias, eran hijos de alguien, vivían en alguna colonia, trabajaban a lado de otro. Se llamaban Felipe, José Rito, Juan Manuel, Armed Iván, Valentín, Armando, Isidro y Juan, y fueron asesinados cruelmente. Esto nos debe doler.
Lo primero debe ser lamentar mucho lo que les sucedió, en lugar de especular sobre la razón de su muerte, en lugar de pedirle a los sicarios que ya no maten dentro de Restaurantes, en lugar de negar que todos eran parte de una maquila, en lugar de concluir que algo debían y por eso los mataron.
Nos debe doler, porque fueron hechos a la imagen de Dios y por eso Dios dijo que nadie debía matarlos. Nos debe doler porque algunos no hicieron caso de ese mandamiento e hicieron lo que nadie debe hacer: quitarle la vida a otro. Nos debe doler porque su sangre se derramó sobre el piso de ese restaurante y desde allí clama al cielo por justicia y no sabemos si la obtendrán en esta vida.
Estos hombres no eran santos ni perfectos, eran pecadores como todos nosotros. Nos debe doler que si murieron sin Cristo el destino de su alma es aún más terrible. Pero nos debe alegrar que vino uno que si era santo y perfecto y que murió aún más injustamente que estos 8, pues siendo absolutamente inocente fue ejecutado como un maldito. Nos debe alegrar que la violencia que sufrió Jesús, la sufrió tomando nuestro lugar en la cruz. Nos debe alegrar que en esa cruz Jesús murió para pagar los pecados de los hombres, para que ellos no tuvieran que pagar con su muerte. Nos debe alegrar que Cristo murió para redimir a los pecadores y que si ellos, durante su vida clamaron a Jesús por su salvación, también ellos serán redimidos. Y aunque parezca imcreíble, nos debe alegrar que por medio de la muerte de Jesús en la cruz, aún un asesino, como los que asesinaron a Felipe, José Rito, Juan Manuel, Armed Iván, Valentín, Armando, Isidro y Juan, también puede encontrar perdón. Que Dios bendiga y traiga consuelo a sus familias y amigos.

jueves, 4 de diciembre de 2008

Una Opinión sobre la entrevista al Gobernador por López Dóriga

Amigos Juarenses:

Como ustedes recibí una copia de un correo en que se anexa la entrevista que Lopez Doriga le hizo hace unos días al Gobernador Reyes Baeza con motivo del desplegado que se publicó hace un par de domingos en donde se le solicita que se haga una revisión de la Operación en Conjunto Chihuahua. Soy parte de uno de los organismos que firmaron el desplegado y tuve la oportunidad unos días antes de escuchar al gobernador personalmente darnos un reporte sobre la situación actual.

Aunque en el correo se evitan comentarios negativos si se implica que de alguna forma el gobernador es puesto en evidencia como inepto por Lopez Doriga. Sin embargo, quiero hacer notar que le Sr. Gobernador está siendo completamente consistente y abierto en sus comentarios al reportero. No solo eso sino que debo reconocer que también está siendo bastante humilde en reconocer que los tres niveles de gobierno subestimaron la gravedad de lo que iba a suceder con la guerra frontal que se abrió en contra del narcotráfico. Definitivamente nunca anticiparon el grado de deterioro moral y social de nuestra sociedad que iba a producir que un buen número de criminales y vivales se fueran a aprovechar del debilitamiento de las fuerzas policiacas para intentar hacer su agosto en Chihuahua. Tanto el presidente de la República y el Gobernador están siendo honestos en reconocer que esto es un camino largo y que no hay soluciones fáciles. Lopez Doriga no está siendo honesto sino mas bien sarcástico y arrogante en implicar que si hay una solución y que todo el problema se debe a la ineptitud del gobierno en diagnosticar el problema.

Si escuchan con cuidado, se van a dar cuenta que el gobernador está haciendo exactamente lo que tiene que hacer: reconocer con honestidad que lo que se ha hecho no es suficiente, solicitar al gobierno federal que mejore su trabajo de inteligencia y apoyo en el estado (lo cual todos estamos de acuerdo que se necesita pues la lucha contra el narco depende del gobierno federal) y por último NO SE ESTA RAJANDO NI JUSTIFICANDO lo cual a mi parecer es el trabajo de un líder. Y creo que es alentador saber que cuando menos tenemos de líder un hombre que está enfrentando el problema sin esconderse ni justificarse, pero que lo está enfrentando. Hay que ser honestos, nadie está haciendo fila para asumir la gubernatura, o cuando menos nadie que creo tenga un verdadero interés y capacidad de resolver el problema. Reyes Baeza no es perfecto, ha cometido errores, algunos graves, pero es mi gobernador, haya votado por él o no. Le debo mi respeto y apoyo y saben después de oírlo en esta entrevista puedo decir que se ha ganado un poco mas de mi respeto y de mi apoyo.

Lo que me preocupa, y debe preocuparnos a todos, es que para salir adelante de esta crisis es absolutamente necesario que los Chihuahuenses, y para eso, todos los mexicanos estemos unidos ante la crisis. Si estamos en una guerra - y la estamos contra el crimen - necesitamos ser solidarios unos con otros y con nuestros gobernantes. Ya no importa si eres Panista o Priista, Católico o Evangélico, Empresario u Obrero, necesitamos dejar de atacarnos unos a otros para juntos atacar a los verdaderos enemigos. No puede ser que tomemos más en cuenta la opinión de Lopez Doriga y que caigamos inocentemente en su juego sarcástico y arrogante y no ejerzamos solidaridad para con nuestros gobernantes. Los medios deben ser discernidos y entendidos correctamente! Tienen una función indispensable, pero no podemos dejar de ser ciudadanos maduros y responsables.

Es muy fácil criticar y señalar sin saber, pero díganme ¿qué más puede hacer el gobernador? ¿Contratar más ministeriales? Claro que sería muy bueno si lo hiciera, pero, ¿Quién quiere el trabajo? La Procuraduría tiene meses buscando gente y nadie quiere la chamba, no los culpo. Además, algunos buenos juarenses, están proclamando YA BASTA y llamando a la gente a que deje de pagar sus impuestos. A ver, queremos más policías, pero no queremos pagar por ellos. ¿De Dónde entonces van a sacar para mejorar la policía?

Aprendamos del país más poderoso del mundo que en sus épocas de crisis se ha hecho mas fuerte porque todos siempre se han unido en un frente común contra sus enemigos. Aprendamos del ejemplo de McCaín que el día de su derrota reconoció a Obama como su presidente y le ofreció todo su apoyo. O recuerden la caída del Imperio Soviético y el muro de Berlín que cayó estruendosamente ante el repudio del total de su población que enarbolo la Solidaridad Polaca como su bandera. Tristemente los mexicanos somos muy buenos para criticar y hasta gritar (como recientemente lo hicieron algunos miembros del congreso local), pero a la hora de la hora solo jalan para su lado sin proponer ni contribuir nada para la solución. Les puedo asegurar sin temor a equivocarme: SIN SOLIDARIDAD ESTA CRISIS NO SOLO NO SE VA A RESOLVER SINO SOLO SE VA A EMPEORAR.

Soy Juarense, Chihuahuense y Mexicano y con mucho orgullo dispuesto a hacer lo que pueda para contribuir en esta lucha contra el crimen. Prefiero pagar mis impuestos y apoyar al gobierno que perder a uno de mis hijos por mi indiferencia. No estoy dispuesto a rajarme cobardemente en el momento de mayor necesidad de mi País. Te invito a que aunque no seas de Juárez, te portes como un verdadero Juarense y Mexicano y hagas tú lo mismo. Ya Basta de cobardía e insensatez, debemos ser mejores que eso.

Que Dios Bendiga y tenga Misericordia de Juárez, Chihuahua y México.

Sobre Escribir Comentarios en el Diario de Juárez

Últimamente he estado dándome el tiempo de escribir comentarios desde una perspectiva cristiana en las noticias que publica el Diario por medio de su página web. He estado alentando a otros Cristianos a que también lo hagan. Hace unos meses me di cuenta que mucha gente estaba escribiendo sus comentarios pero desgraciadamente eran en su mayoría puros comentarios insensatos y a veces hasta infantiles. Sin embargo, he visto que cuando se escriben comentarios prudentes e inteligentes esto provoca que la demás gente también amplíe su perspectiva y mejore su opinión acerca de las cosas.
Hoy (miercoles 3 de diciembre) fui sorprendido por esta nota que apareció en el Diario en la que me dí cuenta que los periodistas del Diario están leyendo los comentarios para enterarse de lo que la gente está opinando. Es una manera muy fácil para ellos de indagar el sentir de la gente. Pero también me di cuenta que es una manera para nosotros de influir en lo que los medios están publicando ya que brevemente publicaron uno de mis comentarios del día de ayer. Pueden leer la nota en:
http://www.diario.com.mx/nota.php?notaid=902deaa1a28e6022cdd3542d5bf7cd92

Esta es la sección que tiene que ver con mi comentario:
Unos más se compadecieron por la tragedia que viven las familias de los fallecidos y les enviaron sus condolencias. Pidieron además que la empresa en la que trabajaban y la comunidad industrial se solidaricen con sus familias como un acto de repudio a la violencia. “Juárez necesita mostrarse solidario en estos tiempos de crisis y violencia... Que Dios bendiga estas familias que han sufrido tan terrible y dolorosa pérdida”, escribió otro de los ciudadanos consternados por el hecho.

Lo que escribí tenía que ver con la declaración del líder de los Restauranteros pidiéndole a los sicarios que no mataran a la gente en los restaurantes en lugar de solidarizarse con sus clientes y sus familias mostrando cuando menos un poco de duelo. Y también tenía que ver sobre la declaración de la representatnte de la industria maquiladora deslindándose de la posibilidad de un ataque dirigido a la industria en lugar de solidarizarse con la tragedia de sus empleados. Me dio tristeza que los compañeros tuvieran que hacer una cooperación para enviar el cuerpo de uno de ellos a Monclova en lugar de que la maquila los apoyara totalmente.
Esto debe motivarnos a que como creyentes adoptemos una postura mas pública y no dejemos esos espacios solo a los que gritan Ya Basta!, pero no contribuyen en nada a la solución del problema.

Los invito a que lean el Diario por medio del Internet y que en cada noticia que tenga que ver con la crisis que vivimos actualmente comenten algo positivo y de bien y dejen ver su confianza y fe en nuestro Señor Jesucristo. Si lo hacemos consistentemente e inteligentemente, la gente lo va notar y podremos ayudarlos a que tengan una mejor y más amplia opinión acerca de las cosas, a la vez que sembramos una semilla que los puede hacer que volteen hacia Jesús, quien es el verdadero Señor de Cd. Juárez.

viernes, 28 de noviembre de 2008

Acciones en Respuesta a la Violencia


Recientemente se convocó a la ciudad a un "Toque de Queda" voluntario para que el 29 de noviembre todos se quedaran en casa y no asistieran a divertirse a un bar o antro. También se ha estado convocando a la ciudadania a que dejen de pagar sus impuestos para exigirle a las autoridades a que mejore su desempeño. Literalmente se está llamando a que "Se pague conforme a Resultados". La verdad es que la ciudadanía está desesperada y por ello está vulnerable a caer en todo tipo de llamados a acciones de presión o protesta por esta situación.
A continuación dos comentarios de unos hermanos que comentan sobre este hecho pero con una perspectiva Cristiana:

El Primero...
Una Opinión sobre el Toque de Queda
Estoy de acuerdo en que como ciudadanos estemos inconformes con la situación tan difícil que venimos viviendo, pero no estoy de acuerdo con muchas de las iniciativas que se vienen presentando por medio del internet.

Déjame te explico algunos de los puntos en los que no estoy de acuerdo.

1.- Poniendo como ejemplo el toque de queda del día de hoy en el cual se motiva a la población a varias acciones de “Resistencia civil”
a) A dejar las calles a los criminales el día de hoy. No crees tú que debemos hacer lo contrario? Las calles de la ciudad, los parques, las escuelas, los lugares de recreación sana, los restaurants, los cines, etc., son lugares que nos pertenecen y ninguna manera debemos dejarlos a los ladrones y delincuentes. Al contrario, debemos de reclamarlos y volverlos “nuestros”.
b) Dejar de consumir en restaurants, cines, negocios, etc., para que estos no tengan ingresos y no paguen impuestos. Estoy totalmente de acuerdo que se motive a la población a que no vaya a antros, cantinas, y otros lugares de degradación moral y física, pero porque hemos de perjudicar a los negociantes, que ya de por si están tan afectados por la situación económica y de ausencia de clientes que atemorizados, ya no salen por las noches al cine, a cenar, a un café, etc. Si frenamos la economía afectamos a todos, al vecino al amigo, etc., y eventualmente nos afectamos a nosotros mismos.
c) El propósito de que el gobierno no tenga captación de impuestos para que así al verse afectados nos respondan es muy cuestionable. Es tratar de arreglar un mal con otro mal. Imagínate que en un caso extremo, el municipio no tenga suficiente ppto. Y empiece a recortar servicios (que de por si son insuficientes) y no recoja la basura, esta se empiece a acumular en las calles, procreando focos de infección, cucarachas, etc. La gente la empiece a tirar en lotes baldíos, afeando la ciudad y provocando mas focos de infección. Eso es solo un ejemplo, pero imagínate, que pasa con menos presupuesto para policía, transito, drenaje, bacheo, agua, alumbrado público, escuelas, transporte, etc., etc.
d) Estoy totalmente de acuerdo de pasar tiempo en nuestras casas, con nuestras familias, buscando la unión familiar y orando, pero no afectando la economía de los negocios sanos y menos con la motivación de quebrarlos para que no paguen impuestos.

2.- Antes de pedir la renuncia de nuestros gobernantes, deberíamos hacer un análisis más a fondo y encontrar la verdadera razón de nuestros problemas. Si somos sinceros, el problema no es que nuestros gobernantes no estén actuando a la altura de las necesidades tan extremas que tiene nuestra sociedad. El verdadero problema es la misma sociedad no esté respondiendo de acuerdo a su propia necesidad. Lo que nuestra sociedad necesita es un cambio. No de gobernantes, ni de cuerpos de seguridad, necesitamos un cambio en el corazón y el único que puede cambiarlo es Dios, nuestro creador. Pero para que él lo cambie, primero tenemos que arrepentirnos. Lo que tenemos que hacer es buscar a Dios (lee 2da de Crónicas 7:14), humillarnos delante de Él, pedirle perdón por nuestra insensibilidad al pecado (nuestro y de nuestra sociedad), y rogarle (Fil. 4:6) para que El cambie nuestra ciudad. Necesitamos rendirle nuestra vida a Él, hacerlo Señor de nuestras vidas y de nuestra familia, barrio y ciudad, obedecer su palabra, buscar su voluntad. Hay mucho que podemos hacer cada uno de nosotros, empezando en lo personal, siguiendo con la familia, con la colonia, el trabajo, la escuela, etc., hasta que todos juntos impactemos nuestra ciudad, nuestro estado y nuestro país.

3.- Con respecto a pedir la renuncia de nuestros gobernantes y no pagar impuestos, Dios nos llama a orar por nuestros gobernantes y por nuestras autoridades. Romanos 13:1 nos dice que debemos de estar sujetos a nuestras autoridades, Romanos 7:7 nos insta a todos a pagar nuestros impuestos.

El Segundo...
{Es necesario enfocar} la atención no hacia "el mal allá afuera", sino hacia el "mal aquí adentro". Para los cristianos, este mal es el problema del pecado y nuestra inclinación natural a hacer aquello que ofende a Dios; para los no creyentes, es la tremenda apatía y desinterés por remediar lo que afecta a los demás, "mientras no me afecte a mí o a mi familia".
Lo que estamos viviendo actualmente en nuestra querida Ciudad Juárez es resultado de que durante años los que conformamos esta comunidad hemos creído que la calidad de vida social es responsabilidad total del gobierno, creencia que nos ha cegado para ver nuestra propia responsabilidad individual.
Así que creo que estas ideas son buenas, solamente que la del Toque de Queda no se enfoque nuevamente a "hacer algo para que las autoridades reaccionen", o "para que los empresarios se den cuenta", sino más bien apoyar acciones y reflexiones que nos ayuden como individuos a reconocer aquellas áreas en nuestras propias vidas, negocios y familias en las cuales hemos tolerado actitudes y estilos de vida que, aunque no lo queramos, fomentan el amor al dinero y a lo material, valor este que creo es la raíz del narcotráfico y la corrupción.
Por otro lado, creo que también esto abre la oportunidad a los cristianos para participar en favor de una causa que tenemos en común con los no creyentes: la causa de procurar el bien de nuestros semejantes y de la ciudad en la cual Dios nos colocó.